| Sumario: | En su viaje desde la península al Perú, los primeros inquisidores llevaron consigo, como parte de su equipaje, un nutrido conjunto de documentos. Entre estos se incluían reales cédulas, provisiones y cartas dirigidas al virrey, oidores, obispos y otras autoridades locales por medio de las cuales el Rey y el Consejo de la Suprema y General Inquisición les informaban del establecimiento del tribunal del Santo Oficio en el virreinato peruano, de sus atribuciones, e invocaban su apoyo a la nueva institución. Otros documentos eran de carácter institucional, tales como instrucciones impresas y manuscritas, y detallaban los procedimientos a seguir para poner en marcha la maquinaria inquisitorial. Finalmente, a todo este variado elenco documental se sumaban tres piezas: dos catálogos o índices de libros prohibidos y una copia manuscrita del edicto de la Fe.2 Inmersos en el matalotaje de los inquisidores, cruzaron sin riesgo el Atlántico. Aunque de pequeño formato y reducida extensión, ellos habían de inaugurar una de las tareas centrales de la Inquisición: la censura de libros.
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