| Resumo: | Desde que llegaron al Perú en 1568, los jesuitas asumieron la cristianización de los indios como tarea preferencial. Seguían en ello las directivas de los superiores y de la Curia General de Roma. Debemos remontamos a 1555, cuando todavía Ignacio de Loyola era el Prepósito de la orden. San Francisco de Borja ejercía por entonces el cargo de superior de los jesuitas de España e Indias con el título de Comisario; y estaba informado de las noticias del Perú, ya que era Virrey de Cataluña. Así, cuando en ese año fue designado virrey del Perú Andrés Hurtado de Mendoza, escribió éste a Borja pidiéndole dos jesuitas para llevarlos consigo al Perú. La respuesta fue favorable. El 23 de agosto de 1555 avisa Borja a Ignacio desde Simancas que los dos sacerdotes elegidos, Gaspar de Acevedo y Marco Antonio Fontova, han partido para el Perú. "Los del Perú se partieron ya profesos, y van a muy buen tiempo, porque ya está apaciguada aquella tierra, y son castigados los que se levanten en ella".1 Alude evidentemente al final de las guerras civiles y al término de la rebelión de Hemández Girón.
|